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El desafío de rodar 100 kilómetros sin bajarse de Sítycleta

13 de octubre de 2020, 09:36


¿Es Sítycleta adecuada para recorrer una distancia de 100 kilómetros? Claramente no, la bicicleta pública de Las Palmas de Gran Canaria es un medio de transporte urbano diseñado para que los ciudadanos hagan desplazamientos cortos por la Ciudad. Sin embargo, para los dos ciclistas profesionales Roberto y Oliver, pedalear un centenar de kilómetros en Sítycleta era un reto perfecto para sobrellevar la cancelación de las competiciones ciclistas en Canarias debido a la pandemia.

"Siempre buscando una nueva aventura", señala Roberto Santana, quien propuso a su amigo Oliver hace un mes grabar el vídeo y subirlo a su canal de YouTube, para hacer "algo distinto, entretenernos y también para educar". Para ellos pedalear un centenar de kilómetros no es una gran distancia. Lo difícil estaba en cambiar la velocidad y ligereza de su bicicleta de competición, por la robusta y resistente Sítycleta, con todo su equipamiento: ruedas gruesas, candado, luces, cesta y ordenador a bordo.

Adiós al diseño aerodinámico de sus rápidas bicis de carretera. Hola al cuadro sólido de la bicicleta pública de la capital grancanaria y sus 22 kilos de peso. Estos jóvenes de sólo 20 años se enfundaron en su equipación deportiva y comenzaron este extraordinario desafío desde la estación de Sítycleta Teatro Pérez Galdós.

Teléfono junto al ordenador de la bici para activar el lector del código QR, contraseña, y el pitido característico de las dos bicicletas activadas fue el pistoletazo de salida de esta brutal hazaña. Los amigos planearon un recorrido llano, desde el monumento del Tritón al centro comercial El Muelle, aprovechando el carril bici que discurre junto al litoral de la Ciudad: cuatro veces tuvieron que repetir el circuito para llegar al objetivo de 100 kilómetros.

Con el viento como principal enemigo en esta carrera, tras dos descansos para comer y más de cuatro horas de darle a los pedales, estos profesionales del ciclismo con más de diez años de experiencia, llegaron a su meta con la lengua fuera: “Estamos muertos, ya”.

Tras esta fenomenal aventura sobre el sillín de Sítycleta, Oliver considera que la bici pública “es una buena opción para desplazamientos cortos, alrededor de 20 minutos. No haría desplazamientos superiores, porque al ser una bici un tanto pesada, para personas que no tengan cierta condición física puede ser difícil”. Por su parte, Roberto opina que Sítycleta "cumple perfectamente con sus funciones ya que su sistema de alquiler es sencillo, consta de guardabarros y no se necesita gran conocimiento para entender el funcionamiento de los cambios".

"Benditas ideas que se me ocurren a mí", resopla Roberto, cerca del trecho final.
"Y yo que te hago caso", responde su amigo Oliver.